La libertad del verdadero evangelio
Dios salvó a Pablo y lo apartó con un propósito muy claro: anunciar el evangelio a los gentiles. Desde su encuentro con Jesús en Hechos 9, Pablo entendió que la salvación no es por obras ni por esfuerzo humano, sino únicamente por la gracia de Dios, mediante la fe en Jesucristo y en lo que Él hizo en la cruz.
El evangelio que Pablo predicaba no lo recibió de hombres ni de tradiciones religiosas, sino por revelación directa de Jesucristo. Por eso podía afirmar con total certeza que no es necesario añadir nada a la fe para ser salvos. Creer en Jesús es suficiente.
Cuando Pablo se reunió con los líderes en Jerusalén, dejó claro que prácticas como la circuncisión no eran necesarias para la salvación. Añadir requisitos al evangelio es distorsionarlo. Estas falsas enseñanzas no traen libertad, sino que buscan robar la libertad que tenemos en Cristo y llevarnos nuevamente a una vida de esclavitud religiosa.
📌 Esta advertencia sigue siendo vigente hoy.
El problema no son las prácticas externas, sino creer que esas cosas nos acercan más a Dios o nos salvan. Nuestra fe debe permanecer firme en la Palabra de Dios, permitiendo que Jesús se revele a nuestras vidas.
En Cristo tenemos verdadera libertad.
No servimos a Dios para ser salvos, servimos porque ya hemos sido salvos.
Cuando tienes a Jesús, no te hace falta nada más.
