Acércate y deja que Dios te transforme

Oct 11, 2026  •  Tali Victoria

Dios es el único que puede dar vida, y Jesús es el reflejo perfecto del Padre. Todo lo que Él hace está en completa unidad con la voluntad de Dios. Su juicio es justo y perfecto porque no busca su propia voluntad, sino la del Padre.


Muchas veces, las crisis nos llevan a tomar decisiones importantes. Pero cuando buscamos verdaderamente a Jesús, dejamos de vivir para nuestros propios intereses y comenzamos a buscar la voluntad de Dios y el bien de los demás.


En este pasaje, Jesús presenta testimonios que confirman quién es Él: Juan el Bautista, sus propias obras, el testimonio del Padre y las Escrituras.


Juan fue una antorcha que ardía y alumbraba, un hombre que tenía clara su identidad y su propósito. De la misma manera, nosotros estamos llamados a ser luces que ardan por Dios y señalen a otros hacia Jesús.


Jesús confronta a quienes conocían las Escrituras, pero no podían reconocerlo. Habían estudiado la Palabra, pero no querían acercarse a Aquel de quien hablaba.


Podemos conocer mucho de la Biblia y aun así no tener una relación verdadera con Jesús. La vida eterna no está simplemente en acumular conocimiento, sino en venir a Cristo y creer en Él.


El problema no es que Jesús no esté dispuesto a recibirnos, sino que muchas veces nosotros no queremos ir a Él. La mesa está servida, pero necesitamos tomar la decisión de acercarnos.


Dios conoce nuestro corazón y sabe cuánto lo amamos. A veces hemos puesto otras cosas en el lugar que solo le corresponde a Él. El amor no se sostiene únicamente en emociones o experiencias pasajeras; también se expresa en decisiones y obediencia.


Si amas a Dios, comienza a vivir de una manera que refleje ese amor.


Muchas veces dejamos de avanzar en nuestra relación con Dios porque nos preocupa más la opinión y el reconocimiento de las personas que agradarle a Él.


Hoy Jesús nos invita a dar el siguiente paso: dejar de buscar nuestra propia gloria, rendir nuestra voluntad y acercarnos verdaderamente a Él.


No basta con escuchar acerca de Jesús, necesitamos reconocerlo, creer en Él y vivir para Él.


¿Estás escuchando la Palabra, pero sin ver realmente a Jesús? ¿Qué está ocupando en tu corazón el lugar que solo le corresponde a Dios?


Jesús es la vida. No te quedes solo con el conocimiento de Él; acércate, conócelo y permite que transforme tu corazón.