Un encuentro que transforma
Dios no tiene limitantes para encontrarse con nosotros. Jesús fue al encuentro de la mujer samaritana rompiendo las barreras sociales, culturales y religiosas de su tiempo, porque Él se mueve por gracia.
Podemos ocultar ante los demás quiénes somos, lo que pensamos o lo que hay en nuestro corazón, pero Jesús nos conoce por completo y, aun así, quiere encontrarse con nosotros. Así es la gracia. Así es el amor de Dios.
Jesús nos lleva a mirar la verdadera condición de nuestro corazón, no para condenarnos, sino para mostrarnos cuánto necesitamos de un Salvador.
La presencia de Dios no depende de un lugar. Podemos encontrarnos con Él donde estemos, porque el Padre busca adoradores que le adoren en espíritu y en verdad, en todo lugar y en todo tiempo.
Un encuentro con Jesús puede cambiarlo todo.
“Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren.”
Juan 4:24
