Ven y ve, Él es quien te transforma
El Evangelio de Juan nos muestra que, así como en Génesis hubo una creación física, con Jesús comienza un nuevo principio: Él viene a darnos una nueva naturaleza y a transformar nuestro corazón por completo.
En estos versículos, vemos cómo Jesús se va revelando progresivamente a través de encuentros personales que cambian vidas.
Juan el Bautista es testigo: él observó, dio testimonio de lo que escuchó y estuvo dispuesto a morir por esa verdad. Al ver a Jesús, declara: «He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo.»
A veces creemos que Dios necesita personas perfectas, pero Él no nos llama por lo que somos, nos llama por lo que Él es.
Dios sabía perfectamente que Simón era impulsivo, bocón y respondón. Sabía que Felipe y los demás eran simples pescadores, hombres del pueblo, débiles y sin grandes estudios. Pero Él sabe a dónde te va a llevar y lo que va a hacer contigo.
Lo mismo ocurrió con Natanael. Él llegó con dudas («¿De Nazaret puede salir algo bueno?»), pero Jesús lo confrontó con gracia, revelándole que lo había visto debajo de la higuera. Probablemente, Natanael estaba en su tiempo devocional, buscando a Dios o haciéndose preguntas, y Jesús le demostró que Él escucha y conoce nuestro corazón en lo secreto.
Al final, Jesús le promete a Natanael que vería el cielo abierto. Jesús vino exactamente a eso: a abrir las puertas del cielo de par en par para nosotros. No importa si eres impulsivo como Pedro o tienes dudas como Natanael; hoy Jesús te hace la misma invitación a acercarte, ser enseñado por Él y dejar que transforme tu naturaleza.
Solo ven y ve.
